Me llamo Julia. Soy una campesina de la región de Huánuco, en Perú. Tengo cinco hijos y soy viuda. Todos mis hijos se han ido a vivir y trabajar a la ciudad, así que estoy solita. Como parte del programa que estoy siguiendo con IDMA (un socio de Iles de Paix), he dibujado la chacra de mis sueños, y por tanto los objetivos que me gustaría alcanzar. Y lo seguiré haciendo hasta que pueda tener la salud par hacerlo.
Una de mis mayores motivaciones es ofrecer a los consumidores productos saludables, ¡porque veo que les gustan! ¡Esto es lo que me anima a sembrar más cada temporada! Actualmente tengo 50 especies de plantas y árboles en mi parcela. Desde hace unos años, soy socio de la cooperativa AGRECU, a través de la cual se ofrecen varios medios para comercializar mis productos.
El periodo de Covid-19 fue muy difícil porque no pude ir al mercado a vender mis frutas y verduras. Todo el mundo tenía que quedarse en casa. Lo que me ayudó a superar esta crisis fue la fidelidad de mis clientes, creada al inicio al mercado. Ahora algunos me hacen pedidos. Vienen directamente a mi casa a recogerlos, o esperan a encontrarse conmigo en el mercado. Esta lealtad realmente me calienta el corazón. Además, mis vecinos ven que mis ventas tienen bastante éxito y también están pensando en pasarse a la agroecología.
Personalmente, la transición agroecológica me vincula a mis raíces, mi cultura y mis valores, porque trabajar de esta manera me recuerda el saber de mi madre y como ella estaba trabajando en el campo. Cuando tengo más ingresos, pago a mis sobrinos para que vengan a ayudarme en la parcela. Además de ganarse un poquito la vida, ¡esto les hace conocer una forma más sostenible de trabajar en el campo!
